Representan también una pérdida, un cambio, porque los regalos que no dimos son tonterías que al verlas o crearlas nos hicieron felices tan solo imaginando aquel momento, pero que, de camino, mueren, algo se va, y nunca sucede lo que no debería nunca dejar de pasar. Y entonces se quedan a vivir en la habitación, escondidos probablemente, duele observar esa evolución, recordarla.
Lo peor es que los jodidos son simpáticos y bonitos, no podía ser de otro modo, ¿eran regalos no?¡ Y duele todavía más y acabas odiándolos. Sin embargo, me atrevería a decir que pocos se atreven a tirarlos, ello significa reconocer que el destino que tenían reservado ha cerrado para siempre, y eso sí que es complicado. Muchos los guardan realmente por no tener que afrontar esa pregunta. Y algunos, porqué no, para, si llega otra oportunidad, quitarles el polvo y lucirlos y llenarlos nuevamente de significado, cargarlos de magia y transportarlos a otras manos; total, ni ellos se enteran, ni sus legítimos dueños tampoco, y todo sea por convertir "noes" en "síes", heridas que esconder en historias que contar.
Y dejar de sentir esa pérdida desde el mismo momento en que lo pierdes de vista.
Poe - "Que tenemos corazón, no coraza"
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